Skip to main content
Have a personal or library account? Click to login
El Partido Socialista de Uruguay y la socialdemocracia internacional (1945–1999) Cover

El Partido Socialista de Uruguay y la socialdemocracia internacional (1945–1999)

Open Access
|Dec 2022

Full Article

Introducción

En este texto se analizarán las relaciones del Partido Socialista de Uruguay (PSU) con la Internacional Socialista (IS), que desde 1951 hasta la actualidad es la principal organización que agrupa a partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas de todo el mundo. Para facilitar el análisis y la presentación de hechos ocurridos en un lapso de tiempo tan prolongado, se dividirán las siguientes páginas en tres partes.

La primera (1945–1963) se inicia con la reorganización del espacio socialista europeo luego de la segunda guerra mundial y se combina con el intento del PSU, bajo el liderazgo de Emilio Frugoni, por encabezar el espacio socialdemócrata latinoamericano. Sin embargo, termina en una ruptura formal con la IS en el marco de la creciente radicalización del PSU.

El segundo momento (1963–1976) se inaugura con la renuncia de Frugoni al PSU y coincide con cambios drásticos en las estrategias de la IS hacia América Latina. Los años finales del periodo muestran una crisis en la IS (1971–1976), producto de la carencia de liderazgos y estrategias globales, mientras que en Uruguay transcurren los primeros años de la dictadura.

La tercera parte (1976–1999) comienza con la presidencia de Willy Brandt en la IS. Son años de auge para la organización donde, no sin rispideces, se fueron reconstruyendo los lazos con el PSU en el marco de diversos y significativos cambios políticos en Uruguay y en el mundo.

Finalmente se hará una síntesis de lo expuesto para mostrar algunas tendencias y ofrecer conclusiones generales.1

1. El PSU y los socialdemócratas europeos después de la Segunda Guerra Mundial

Terminada la Segunda Guerra Mundial, los socialistas europeos iniciaron un proceso de reorganización en el plano internacional. Los grupos que se habían exiliado en Inglaterra convocaron una serie de reuniones bajo el auspicio del Partido Laborista Británico (PLB). En ellas, durante el año 1946 se creó un organismo denominado Socialist Information and Liaison Office (SILO).

La SILO no era una organización como sus antecesoras (las llamadas internacionales obreras). Todo lo contrario: su función se reducía al intercambio de información entre las distintas organizaciones sin ningún tipo de responsabilidad política ni objetivos de consolidar un espacio a futuro.

Recién cuando la vida política de los países europeos se fue normalizando se dio un nuevo paso, y en 1947 se conformó el Committee of the International Socialist Conference (COMISCO), que era la primera organización trasnacional socialista de posguerra y buscaba expandirse más allá de Europa para hacer frente a los novedosos desafíos de la descolonización y la Guerra Fría (Healey, 1950).

El COMISCO mantuvo contactos con los partidos socialistas de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Pero los rioplatenses fueron los más comprometidos con su tarea. A una de las primeras reuniones realizadas por el COMISCO asistieron dirigentes del Partido Socialista argentino (PSA), quienes anteriormente coordinaron con los socialistas uruguayos la representación de ambos partidos en las personas de los argentinos.

El vínculo del COMISCO con estos partidos sudamericanos era fluido, y tanto argentinos como uruguayos buscaban conformarse como los nodos principales que vinculara a América Latina con la red socialista mundial.2 Sin embargo, los dirigentes del PSU dieron un paso más y solicitaron su integración formal al COMISCO. El subcomité dedicado a las admisiones sugirió que el socialismo de Uruguay fuera aceptado, convirtiéndose así en el único partido de América Latina en ingresar formalmente a esta organización socialdemócrata.3

En 1950 comenzó a vislumbrarse un principio de acuerdo entre los partidos socialistas europeos para crear una nueva organización internacional cuyo fin explicito fuera el activismo trasnacional.

La nueva etapa de la Internacional Socialista

La fundación de la IS y su primer congreso tuvieron lugar en Frankfurt en 1951 y el Partido Laborista Británico (PLB) lideró el proceso en la búsqueda de reafirmar su liderazgo internacional. Por eso el primer presidente de la IS fue el Secretario General del laborismo, Morgan Phillips. Como Secretario General fue designado el austriaco Julius Braunthal.

Como en el COMISCO, los socialistas uruguayos se adelantaron y su delegado (Arturo Dubra) resultó el único latinoamericano acreditado formalmente en el evento y, además, propuso que la IS abriera una oficina en Montevideo, lo que había sido una decisión orgánica del PSU y se convertiría en adelante en un preciado objetivo de la organización uruguaya.

¿Por qué el PSU se mostraba tan abierto a trabajar con la socialdemocracia europea? Se puede mencionar la continuidad de tradiciones organizativas comunes que se remontaban a su fundación (López D’Alessandro, 1994) y también el liderazgo de Emilio Frugoni, quien era muy crítico del modelo soviético y “apostaba al camino del gradualismo reformista” (Yaffé 2016, 136).4

La creación de la IS implicó también un acuerdo entre los europeos que culminaba con la institucionalización de una nueva programática para la izquierda, donde se fusionaban ideas clásicas del socialismo y el liberalismo con la democracia electoral como eje entre ambas. Además, incluía la renuncia a la tradición revolucionaria, repudiando la deriva leninista adoptada por los comunistas y denunciándola como una forma de desnaturalización del ideario marxista original. Los argentinos y uruguayos se sentían cómodos con esa definición, que se ajustaba a las tradiciones históricas de ambos partidos (Duffau Soto, 2007).

El segundo congreso de la IS se realizó en 1952 en Milán. Allí comenzaron a debatirse problemáticas extra-europeas, aunque más ligadas a Asia por la descolonización que allí se abría. Ese mismo año viajó a Europa Humberto Maiztegui, un dirigente uruguayo con pasado sindical y poco conocido en su país, pero muy cercano a Frugoni. Maiztegui estuvo en Londres casi un año invitado por el PLB y allí tomó contacto también con socialistas franceses, alemanes y con los españoles en el exilio. Esta relación sería muy importante para el desarrollo de sus funciones futuras.

A principios de 1953, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PSU emitió una resolución proponiendo la creación de una oficina de la IS en Montevideo y envió a Maiztegui a una reunión de partidos socialdemócratas en Francia con la instrucción de avanzar en la iniciativa. Al mismo tiempo, el órgano de prensa del PSU, el periódico El Sol, reproducía constantemente debates y noticias de las IS, sobre todo de su Comité asiático, que oficiaba como modelo organizativo para crear uno similar en Latinoamérica.5

Sin embargo, para la IS, América Latina aún no era un espacio prioritario y comunicó que la iniciativa debería ser financiada por los mismos uruguayos. Como respuesta, el PSU anunciaba que posponía el proyecto por no contar con los recursos para implementarlo.6 Pocos días después, la IS enviaba otra carta lamentando la suspensión del proyecto pero pidiendo que no se descartara completamente.7

Las cosas comenzaron a cambiar con el cuarto congreso de la IS, realizado en Londres durante el año 1955 y en el que participaron delegaciones del PSU y el PSA, representados respectivamente por Maiztegui y el argentino Américo Ghioldi. Los sudamericanos poseían fluida comunicación con sus pares del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el exilio, lo que les aportaba un vínculo privilegiado con los restantes dirigentes de la IS.

“Me alegró mucho ver a nuestros camaradas Maiztegui y Ghioldi […] Después del Congreso, yo hablé con ellos y con Rodolfo Llopis de establecer una oficina regional de la IS para América Latina en Montevideo”. Carta de Julius Braunthal a Emilio Frugoni, 22/07/1955. IISG. Mi traducción.

La presión de esa alianza, sumada a la extensión de la Guerra Fría a todo el globo, terminaron de convencer a los europeos, que aceptaron la creación de un Secretariado Latinoamericano (SL).

1.1 El Secretariado Latinoamericano de la IS

La decisión de la IS implicaba confiarle el SL al PSU, designando para su coordinación a Maiztegui y la sede en Montevideo y así, el Secretariado comenzó rápidamente a desarrollar sus actividades. Se elaboraban constantes informes sobre coyuntura latinoamericana para la IS (todos se enviaban con copia a Frugoni y Cardozo) y se editaba un Boletín que llegó a tener un importante alcance.

Pero la tarea más importante encomendada al propio PSU fue acercar nuevos socios a la IS. Así se creó el “Comité consultivo” del SL, donde a los partidos socialistas de Uruguay y Argentina se buscaba sumar el chileno, como paso previo para integrarlo a la IS (Maiztegui, 1990).

Pero los chilenos estaban divididos en el Partido Socialista (PSch) y el Partido Socialista Popular (PSP). Y ambos se mostraban muy críticos hacia la IS. El PSU en forma oficial se comprometió a integrar al PSP, presentándose como garante de un posible acuerdo con la IS. Para ello Frugoni envió una misión a Chile y eligió a Andrés Cultelli para liderarla (Pedrosa, 2011). La base del acuerdo fue que la integración de los chilenos al Comité Consultivo no significaba la afiliación a la IS, una propuesta elaborada por el mismo Maiztegui.

El ingreso del PSP fue un triunfo del PSU y fue muy valorado por la IS. Al poco tiempo también se incorporaron el Partido Socialista Popular de Colombia, que se convertiría en el cuarto miembro con derecho a voto, y también los socialistas brasileños, aunque estos lo hicieran informalmente, ya que legalmente los partidos brasileños no podían adherir a organizaciones internacionales.

El Comité consultivo se reunió seis veces (Montevideo, 1956; Buenos Aires, 1956; Santiago de Chile, 1958; La Paz, 1960; Montevideo, 1960 y 1961) y concurrieron los más importantes dirigentes de sus miembros, pero también convocaba a otros partidos y grupos políticos de Latinoamérica (Maiztegui 1990). Por el PSU participaron en varios de estos encuentros Vivian Trías, José Cardozo, Arturo Dubra, German D’Elia, Heriberto Gesto, Carlos Riverós y Reinaldo Gargano.

Los viajes y reuniones realizados en aquellos años –y la correspondencia llevada por el SL– aumentaron el conocimiento y consolidaron los vínculos de los dirigentes de la región. En particular, fueron importantes en la conformación de estrechas relaciones entre los sectores renovadores del PSU y los chilenos, quienes, además, pronto se reunificaron, fortaleciendo el liderazgo de Salvador Allende (Alonso, 2007). Pero a medida que esto ocurría, también crecían las diferencias con la IS.

En el PSU, la corriente renovadora integrada por Trías y Cardozo comenzaba a superar internamente al sector liderado por Frugoni y a imponer sus propias agendas (López D’Alessandro, 2019). La correspondencia de Maiztegui con la IS describe el quiebre y su intención de mantener puentes con Frugoni y Cardozo, pero también la solicitud de ayuda a los europeos para solucionar el problema.

En 1957, el danés Alsing Andersen fue elegido nuevo presidente de la IS. Los laboristas británicos se reservaron la Secretaría General (el verdadero cargo ejecutivo en la organización) para el sindicalista Albert Carthy. A pesar de que la IS renovaba sus autoridades, la opción reformista y la apuesta por la expansión en América Latina se mantenían.

A fines de 1958 y aprovechando que se realizaba en Brasil la Asamblea Interparlamentaria Mundial, Andersen viajó a Uruguay. El objetivo era observar el funcionamiento del Secretariado y tratar de atemperar la conflictividad interna, lo que resultó infructuoso (Pedrosa, 2011).

La Revolución cubana empeoró la situación. En el congreso de la IS de 1959, realizado en Hamburgo, los delegados uruguayos presentaron un documento que exigía la expulsión de uno de sus miembros más selectos, el socialismo francés, por su actuación durante la guerra de Argelia.8 También cargaba contra las políticas de los partidos europeos y mostraba una imagen totalmente volcada a la izquierda radical.

Esta situación complicó a Maiztegui. A esto se sumó que el propio Frugoni, referente suyo y de los sectores reformistas, estaba siendo influido por los sucesos cubanos y eso lo alejaba de la IS hasta llegar a una total ruptura en 1965.9 Maiztegui quedaba cada vez más aislado del PSU y, además, debió buscar un lugar donde instalarse, ya que el SL fue expulsado de la Casa del Pueblo, la sede del socialismo uruguayo (Maiztegui 1990).

El triunfo renovador en el PSU ya era total y en el congreso partidario de enero de 1960 Trías reemplazó a Frugoni en la Secretaría General. También se decidió abandonar la IS. El argumento fue que no sólo no se había expulsado a los franceses como solicitaron los socialistas uruguayos, sino que además su líder, Guy Mollet, había sido designado vicepresidente de la organización.

Tras la dura resolución tomada en el Congreso, el PSU consideró que eso ayudaría a mejorar el posicionamiento nacional e internacional del partido por el descrédito de la organización socialdemócrata en el ámbito de la izquierda.10 Pero tácticamente, el PSU decidió no abandonar de inmediato el Comité consultivo del SL, ya que desde ahí podía seguir vinculándose con otras organizaciones latinoamericanas y mantener la unidad de acción con los chilenos.

En ese marco de conflicto y confusión, la IS decidió enviar una nueva misión a América Latina, que encargó a su ex presidente y todavía Secretario General del PLB, Morgan Phillips. El viaje se planificó para que, además de visitar casi todos los países sudamericanos, también asistiera a la reunión del Comité Consultivo que se realizaría en febrero de 1960 en La Paz, Bolivia.11

La retórica en la reunión fue muy radicalizada y mostraba la ruptura política de los partidos socialistas con la IS. De hecho, a instancias de chilenos y uruguayos, se proclamó una Federación Latinoamericana de Partidos Socialistas y afines independiente de la II Internacional. La forma de llamar a la IS como II Internacional denotaba también la deriva revolucionaria que había ganado al partido uruguayo.12

Después de la reunión en Bolivia, Phillips viajó a Uruguay, donde fue recibido por funcionarios del gobierno y dio varias conferencias de prensa. Durante éstas fue interrogado una y otra vez por la renuncia del PSU a la IS. Phillips mantuvo una actitud activa, tratando de revisar la medida, reuniéndose con el CEN y con dirigentes y militantes. Finalmente, ante la persistencia del rechazo, Phillips fue tajante: no valía la pena preocuparse más por un partido con pocos votos y cuyos sindicatos eran débiles y carecían de unidad de acción.13

El Comité Consultivo se volvió a reunir en 1960 y 1961, ambas veces en Montevideo. La convocatoria fue magra, si se compara con los anteriores encuentros. Sólo estuvieron presentes los delegados de los tres partidos originales, de los cuales los de Argentina y Uruguay ya estaban divididos y en caída libre electoral. La coyuntura cubana dominó la agenda, se llamó a la formación de “brigadas internacionales” para defender la soberanía de la isla y se formuló un mensaje de adhesión al Movimiento 26 de Julio que debía ser llevado en mano por Gargano.

Además, se repudió el viaje por América Latina de Dwight Eisenhower, entonces presidente norteamericano, como también se condenó el armamentismo que aportaba a la política imperialista y al FMI y sus políticas hacia el Tercer Mundo. La situación estaba fuera de control, incluso para un optimista como Maiztegui: “Ya a esta altura de los acontecimientos, mi impresión era que estábamos dando manotazos en el aire” (Maiztegui, 1990, 61). Maiztegui además sostenía que en la crisis de los socialistas también influían algunos partidos del bloque soviético.14

A pesar de la ruptura formal con la IS, el PSU intentó mantenerse en su organización juvenil, la International Union of Socialist Youth (IUSY), pero su propia radicalización, adoptando el marxismo-leninismo, lo llevó finalmente a alejarse de toda relación con la socialdemocracia. En ese camino, incluso, integraron la Organización Latinoamericana de Solidaridad promovida desde Cuba y fueron protagonistas en el origen de la lucha armada en Uruguay (Rey Tristán, 2005; Duffau, 2008).

2. 1963, año de cambios en la IS y el PSU

En 1963, la IS comenzó un proceso de revisión de su estrategia latinoamericana que, en gran medida, se había sostenido en la alianza –ahora rota– con el PSU. Desde entonces, la IS ya no privilegió la relación con los partidos de etiqueta socialista y decidió enfocarse en los que denominaba “partidos populares”, en referencia a organizaciones como el Partido Liberación Nacional (PLN) de Costa Rica, Acción Democrática (AD) de Venezuela o la peruana Alianza Popular Revolucionaria Americana (Pedrosa, 2012). En Chile, el Partido Radical ocupó el lugar de los socialistas. Esto aumentó más el malestar de Frugoni, quien los consideraba “los partidos más contra-revolucionarios del continente” (Jaurena, 1970, 8).15

Aun así, la IS decidió que su oficina latinoamericana continuara en Montevideo y con Maiztegui a la cabeza, ya que eso le daría cierta independencia de sus nuevos aliados. Al mismo tiempo, la IS comenzó a trabar contactos con dirigentes del Partido Colorado y a acercarse a los battlistas; entre ellos, a un joven Julio María Sanguinetti.

A instancias de Maiztegui, la Federación de la Juventud Batllista se integró a la IUSY, reemplazando a los jóvenes socialistas y por ello enviados a los eventos de formación política organizados por la Fundación Ebert.16 Una carta de Carthy dirigida a Frugoni sugiriendo que iniciara contacto con la batllista Lista 15 logró el efecto inverso: una total ruptura de los socialistas más moderados con la IS y la pérdida de cualquier base de apoyo para la expansión de la organización que no fueran sectores internos del Partido Colorado (Rodríguez Metral, 2018).

Pocas veces he visto a Frugoni tan indignado como en aquella ocasión. […] ¡la Internacional nos aconseja que nos hagamos batllistas!… ¡Que arrojemos a la hoguera sesenta años de vida y de historia; ¡que, hundiéndonos en el ludibrio, nos pasemos al enemigo, con armas y bagajes! (Jaurena 1970, 6).

Maiztegui presentó su renuncia en 1971, tras varios años de fracasos sucesivos en influir sobre los partidos latinoamericanos y por la indiferencia de una IS carente de liderazgo y absorbida por el aumento de los conflictos políticos dentro de Europa (Merkel 1994). El secretariado se mudó a la oficina de Londres de la IS y quedó a cargo del radical chileno Carlos Parra. Al poco tiempo se extinguiría sin pena ni gloria.

Con el triunfo electoral de Allende en Chile, que abrió una posibilidad para el socialismo en la región, la IS y el PSU volvieron a converger, aunque con diferentes fines, ya que los europeos pretendían convertirlo en un ejemplo contrario al modelo cubano. El posterior derrocamiento de Allende marcó el fin del único proyecto de la IS en América Latina.

En 1974, el entonces líder del socialismo alemán y Premio Nobel de la paz, Willy Brandt, una de las personalidades más prestigiosas del momento, renunció a la cancillería de su país y planteó un nuevo paso en su carrera que, esta vez, excedería las fronteras alemanas. La organización elegida para hacerlo fue la Internacional Socialista y los siguientes dos años los dedicaría a construir una red de líderes y partidos para sostener su pretensión de liderazgo global. Los socialistas uruguayos tendrían una posición ambigua ante esa nueva situación.

3. Los años de auge de la IS (1976–1999)

En este intento de renovar la vieja organización, acompañó a Brandt una importante camada de dirigentes como Olof Palme (Suecia), Felipe González (España), Mario Soares (Portugal), Bettino Craxi (Italia) y Bruno Kreisky (Austria), entre otros. Françoise Mitterrand participaba superficialmente de la IS y, en cambio, buscaba un perfil propio.

Además, participaban importantes líderes latinoamericanos, como Carlos A. Pérez (Venezuela), José “Pepe” Figueres y Daniel Oduber (Costa Rica), Michael Manley (Jamaica) o José F. Peña Gómez (República Dominicana), quienes fueron los más involucrados.

La IS también incluía en torno a ella a otros dirigentes como Víctor Haya de la Torre (Perú), Leonel Brizola (Brasil), Maurice Bishop (Granada), Omar Torrijos (Panamá), Guillermo Ungo (El Salvador), Alberto Fuentes Mohr (Guatemala), Anselmo Sule y Aniceto Rodríguez (Chile), Hipólito Solari Yrigoyen (Argentina), Rodrigo Borja (Ecuador) y los sectores más moderados del sandinismo.

En América Latina, Brandt retomó y amplió la tradición previa de la IS, y su mira se dirigió a los grandes partidos latinoamericanos, incluyendo en ellos también al mexicano Partido Revolucionario Institucional (PRI), al Partido Liberal colombiano y la Izquierda Democrática de Ecuador, entre otros.

Además de aumentar la cantidad de socios, Brandt ampliaba la programática socialdemócrata clásica incorporando cuestiones que provenían de la coyuntura europea y que en América Latina no estaban del todo extendidas (ecologismo, pacifismo y derechos humanos). Sin embargo, la IS los presentó en un formato en que políticos de otras regiones fuera de Europa podían adaptarlo a sus propias realidades. A veces por convencimiento, otras por conveniencia y, generalmente, por una mezcla de ambas (Markarian 2006; Pedrosa 2012).

En ese sentido, el intento de posicionar a la IS como un actor no alineado en la disputa bipolar y la ausencia de tradiciones coloniales en sus principales líderes (sobre todo en Brandt, Palme y Kreisky) facilitaron la alianza con partidos y liderazgos con raíces nacionalistas y, muchas veces, históricas posiciones antiimperialistas.

Brandt asumió la presidencia de la IS en noviembre de 1976 acompañado por Bernt Carlsson en la Secretaría General, representando al socialismo sueco. La IS era una red que ofrecía a sus socios influencia global y un espacio de debate y relacionamiento con líderes prestigiosos, capacidad de amplificar sus demandas nacionales y, como cuestión no menor, un importante acceso a recursos materiales (Pedrosa, 2012).

A Brandt y al apoyo político y económico de los partidos socialistas europeos se sumaban las cooperativas y sindicatos europeos (sobre todo alemanes y nórdicos) y, especialmente, la Fundación Friedrich Ebert, que resultaría la gran sostenedora del proyecto de Brandt (Muñoz Sánchez, 2012).

Para despertar el interés de la IS en un país particular se debía cumplir alguna de las siguientes condiciones: 1. la existencia de un partido miembro de importancia (como por ejemplo AD en Venezuela o el PLN de Costa Rica); 2. un liderazgo que trascendiera las fronteras nacionales (como Haya de la Torre en Perú o Torrijos en Panamá); 3. un partido que fuera oficialista y tuviera manejo de distintos recursos (como el PRI); 4. que fuera un espacio trascendente en la disputa de la Guerra Fría (como la isla de Granada, Guatemala, Nicaragua, El Salvador o Chile, ya que el golpe de Pinochet había tenido gran repercusión en Europa).

Ninguno de estos aspectos se presentaba en Uruguay. Pero esto fue cambiando, en parte por las dinámicas internas de la IS y, además, por la insistencia de la militancia uruguaya en el exilio (Markarian, 2006).

Apenas asumido el liderazgo por parte de Brandt, la IS decidió enviar un claro mensaje sobre sus nuevas intenciones globales y, además de organizar reuniones de la IS en México, Senegal y Japón, anunció el envío de misiones observadoras a Medio Oriente (encabezada por Kreisky), Corea del Sur (por Carlsson), África (por Palme), Centroamérica y el Caribe (con Soares a la cabeza), y al Cono Sur con Felipe González a la cabeza.

El anuncio del envío de la misión observadora a la Argentina, Chile y Uruguay comenzó a aceitar los vínculos con los socialistas uruguayos. A propuesta de éstos se agendó una reunión en Montevideo entre Cardozo y el líder de la delegación que finalmente no llegaría: Felipe González.

Frente al pedido de la IS para ingresar al país, las autoridades uruguayas primero guardaron silencio, ya que parecían “esperar la respuesta que den los argentinos para tomar posición”.17 Finalmente, los gobiernos de los tres países anunciaron que prohibían el ingreso de los socialdemócratas a sus territorios nacionales:

El gobierno uruguayo prohíbe el ingreso de Felipe González a su territorio por considerar que afecta a la soberanía nacional pues era su intención de entrevistarse con grupos políticos proscriptos en estos momentos en Uruguay (Cable Agencia EFE 11/79, IISG).

A pesar de la prohibición, la intención de realizar el viaje mejoró mucho los vínculos con el PSU. Cardozo envió un telegrama a la IS donde manifestaba que “lamentamos la imposibilidad ver a estimados amigos. Agradecidos a sus propósitos”.18 Más aún cuando, poco después, la IS envió otro delegado, Luis Yáñez Barnuevo, también del PSOE.

Finalizada la etapa argentina del viaje, el dirigente español intentó cruzar el Río de la Plata en avión rumbo a Uruguay, donde esperaba reunirse con Cardozo. Pero el encuentro se frustró nuevamente ya que al llegar Yáñez Barnuevo a Montevideo fue expulsado inmediatamente por las fuerzas policiales uruguayas, tras haber sido declarado persona no grata.

3.1 Los uruguayos y la IS

A pesar de estos acercamientos, en esta etapa el vínculo del PSU y la IS fue complejo. Primero por lo antedicho, ya que la IS no veía en Uruguay un lugar de acción prioritaria. Segundo, porque el PSU no podía funcionar con normalidad debido a la dictadura y porque su líder seguía siendo José Cardozo, con quien aún existían desconfianzas de la etapa anterior. En tercer lugar, el PSU no sólo se había radicalizado; además, integraba el Frente Amplio con el Partido Comunista (PC), lo cual no era bien visto entre los socios latinoamericanos y en los partidos europeos más moderados de la IS (Garcé y Yaffé, 2006).

En ese marco, el cambio organizativo en la IS no derivó en una alianza directa con el PSU como ocurriera con otros partidos latinoamericanos. De hecho, el PSU ni siquiera solicitó reingresar a la IS en carácter de observador, aunque, a la vez, buscaba obtener todos los beneficios de pertenecer a la red trasnacional socialdemócrata. Para ello supo también aprovecharse de las diferencias que existían dentro de la misma IS.

Brandt mantenía interés en el batllismo, especialmente en Sanguinetti, con quien la IS estaba relacionada desde el conflictivo final del Secretariado, mientras que los españoles generaron un buen vínculo con los socialistas uruguayos en el exilio. Los suecos, entre ellos Carlsson, compartían esas relaciones, pero también estaban en contacto con Juan Ferreira, que en ese momento lideraba la Convergencia Democrática en el exilio. Los socialistas franceses y portugueses también tenían buenos contactos con dirigentes uruguayos, muchos de ellos socialistas.

Si bien los partidos uruguayos estaban ilegalizados y era muy intensa la represión interna, el exilio, muy numeroso y activo, vinculaba las luchas por la democracia y los derechos humanos en el país con otros actores, como Amnistía Internacional u organizaciones internacionales (Markarian 2006). La IS pasó a ser una parte de ese menú de redes trasnacionales de defensa.19

Pero a las diferencias internas en el mundo socialdemócrata, también se les sumaba la variedad de sectores exiliados (Dutrénit Bielous 2006; Cardozo Prieto 2006). La falta de un líder consolidado o un partido afín dificultó y fragmentó las relaciones de la IS con la política uruguaya. Sin embargo, también por eso, los uruguayos consiguieron una mayor diversidad y cantidad de apoyos y aliados en el mundo socialdemócrata internacional.

3.2 El largo retorno del PSU a la IS

Antes de asumir el cargo en la IS –entre 1974 y 1976– y también un tiempo después, Brandt organizó una serie de reuniones informales con la coalición de líderes internacionales que sostendrían la “refundación” de la organización. En América Latina estas reuniones tenían que ver con definir el nivel de adhesión que los partidos de la región mostrarían ante la IS. Un grupo menor pero políticamente importante prefería no incorporarse formalmente, aunque sin negarse a aumentar la colaboración política. Entre ellos estaba el delegado uruguayo, Oscar Maggiolo. La cuestión del discutido vínculo con el PC era clave en este sentido:

No podemos establecer una norma general. El compañero de la República Dominicana, nos ha puesto un caso bien claro, por ejemplo, que el problema del PC sería imposible, por una razón de tácticas […] en cambio es bien conocido que el Frente Amplio uruguayo ha incluido al PC (Maggiolo 1977, 106).

Maggiolo, si bien no era miembro del PSU, y en Venezuela existía un grupo ligado al socialismo (Dutrénit Bielous 2006), fue quien llevó la voz cantante ante la IS en los momentos previos a la asunción de Brandt. A esto aportaba, además del propio liderazgo del ex rector de la Universidad de la Republica, que Caracas –donde se encontraba exiliado– era el principal centro de operaciones de la IS en la región. Por eso mismo, en la capital venezolana terminó en 1978 la antes mencionada misión encabezada por el entonces Primer Ministro portugués Mario Soares, con quien también se reunió Maggiolo.

En una carta dirigida a Carlsson, Jorge Irisity manifestaba que, gracias a la mencionada misión, tomaron contacto con el PS sueco, el PSOE y el Partido Laborista holandés (Partij van de Arbeid, PvdA). Debido a eso deseaban ser invitados a otro evento importante que se realizaría en Portugal y, a la vez, ser parte de más reuniones de ese estilo. Además, solicitaba que se invite a Europa a Cardozo, ya que eso pondría al gobierno militar uruguayo en una difícil disyuntiva.20

Simultáneamente, la IS comenzaba a recibir pedidos de diversos sectores uruguayos producto de su vinculación con los distintos grupos y dirigentes.21 Carlsson entendía que, para su proyecto en particular, y también para la IS en general, era conveniente mantener relaciones con el PSU, por lo cual les comunicó que los incluiría en el mailing de la organización, aunque en forma “extraoficial”. También aprovechó la oportunidad para enviarles un sutil mensaje:

Ello no indica, como Ud. amablemente comprenderá, que su partido esté invitado a todas las reuniones por nosotros organizadas, ya que para ello se requiere siempre una invitación cursada por los canales normales. En todo caso servirá para incrementar nuestras relaciones en forma mutua y para que Uds. puedan darse cuenta, en una forma más adecuada de las actividades que nosotros llevamos a cabo. Carta de Bern Carlsson a Jorge Irisity. Londres, 7/08/1978, IISG.

Entrada la década de 1980, las relaciones de la IS con los socialistas uruguayos ya eran regulares. Incluso, varios de sus dirigentes (como Díaz, Gargano y Artigas Melgarejo) participaban de las reuniones más importantes, como eran los congresos de la IS. El PSU seguía sosteniendo un vínculo desde la demanda de recursos y apoyos, pero negándose a ingresar formalmente en la estructura de la organización. Carlsson volvió a señalarlo, ya menos sutilmente, pero igualmente sin obtener resultados concretos.

Desde 1976 con la reorganización de la IS se ha tratado de que estas relaciones de mutua cooperación se desarrollen. Sin embargo, es más complicado, el mantener una práctica de continuas invitaciones a nuestras reuniones a partidos no miembros de ella. Una manera que lazos fraternos entre partidos se fortalezcan es a través de la membresía de ellos a la IS. Carta de Bernt Carlsson a Aldo Guerrini, 23/04/1981, IISG.

A pesar de las repetidas evasivas del PSU, no se observa que la IS haya puesto condicionamientos para acompañar las campañas del socialismo uruguayo.22 Todo lo contario. En el congreso de Vancouver, la IS votó un comunicado sobre la coyuntura uruguaya que logró mucha repercusión.23 Más tarde se manifestó también pidiendo por Cardozo.24 Los mismos representantes del PSU en el exterior reconocían su importancia.25

En 1981 la IS se propuso enviar otra misión de muy bajo perfil. Los designados para integrarla fueron Maarten Van Traa (PVDA), Elena Flores (PSOE) y Nicole Bourdillat (PS francés), quienes visitaron Uruguay y Argentina en búsqueda de información sobre la coyuntura, pero también para seleccionar a los grupos nacionales que se privilegiarían en el futuro. Los socialistas de ambos países no habían rearmado los vínculos formales con la IS desde el final del secretariado de Maiztegui.

Si bien ambos gobiernos manifestaron nuevamente que no aceptarían el ingreso de los dirigentes como misión colectiva, no les prohibieron la entrada como individuos particulares. Lo paradójico es que una vez ingresados a los respectivos países, los delegados de la IS fueron tratados como una misión de alto nivel.

En Uruguay se entrevistaron con el Ministro de Relaciones Exteriores, Estanislao Valdez Otero, ante quien hicieron varios pedidos, como la liberación de Seregni y la posibilidad de visitarlo en la cárcel. Ambos reclamos fueron rechazados. También hubo un pedido por Juan Ferreira, a quien se le prohibía el reingreso al país y que tampoco tuvo respuesta del representante del gobierno uruguayo.

La delegación se reunió con dirigentes de los partidos Colorado, Blanco y Frente Amplio. Asimismo mantuvo una extensa reunión con Cardozo, de quien se llevaron una muy buena impresión, terminando con décadas de conflictos y desconfianzas.26

Si bien no lograron visitar a Seregni, pudieron reunirse con su esposa y el abogado de este, Hugo Batalla, quien en 1989 fundaría Nuevo Espacio, que sería aceptado como miembro de la IS. Finalmente, se improvisó una conferencia de prensa, aunque no contó con medios de prensa nacional. Varios de los reclamos que la misión se llevaba estaban dirigidos a fortalecer la acción internacional contra el gobierno uruguayo.

Posiblemente lo más trascendente en el plano político fue que el informe final de la misión recomendaba apoyar al Frente Amplio más allá de diferencias con algunos de sus integrantes. Sin embargo, esto tampoco empujó al PSU a incorporarse formalmente a la IS. En el año 1982, y continuada la negativa uruguaya, recibieron un mensaje tajante:

Durante los últimos seis meses hemos estado invitando a nuestros eventos al PSU, pero hemos podido constatar que esta relación es correspondida sólo por nuestra parte. Por último, deseo recordarle la conversación que sostuvimos en ocasión del congreso del socialismo italiano el año anterior, en la que le manifesté que era muy difícil poder seguir invitando a su partido a nuestras reuniones por las razones que le expresé en esa oportunidad con mucho detalle. Carta de Bernt Carlsson a Oscar Acosta Silva, 21/05/1982, IISG.

Si bien el PSU seguía sin integrarse a la organización socialdemócrata, eso no quería decir que renunciaba a su acción trasnacional. Por eso, se fue incorporando a otras organizaciones, como la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL), en 1976 y, a través del Frente Amplio y años más tarde, al Foro de San Pablo. Además, fue protagonista central de la creación de la Coordinación Socialista Latinoamericana en 1986.

3.3 Nuevamente tiempos de cambio en la IS

El proyecto de Brandt en la IS cambió a partir de 1983. Varios hechos colaboraron con eso: 1. la asunción de Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos un tiempo antes y el inicio de una nueva etapa de polarización geopolítica que daba escaso lugar para los proyectos no alineados; 2. muchos de los socios de Brandt pasaron a ocupar cargos de gestión presidencial y eso los alejó de la IS y les sumó nuevos problemas e intereses; 3. la Guerra de Malvinas rompió la confianza entre europeos y latinoamericanos que se había forjado desde 1976 (Pedrosa, 2014); 4. la interna entre un sector de izquierda liderado por Carlsson y otro más moderado, cuyo líder era Brandt, finalizó con el reemplazo del primero en el congreso de 1983.

A partir de entonces, Brandt cambiaría su estrategia, profundizando su propio liderazgo, poniendo a la IS en un lugar de menor autonomía y exposición pública y convirtiéndola exclusivamente en una red de contactos e intercambio de recursos e información, sobre todo a medida que los países fueron recuperando las democracias.

Así, varios de los presidentes latinoamericanos que fueron asumiendo a lo largo de esa década mantenían excelentes vínculos personales y políticos con Brandt, como Sanguinetti, Raúl Alfonsín, Alan García, Jaime Lusinchi, Belisario Betancur, Luis Alberto Monge, Oscar Arias, y Rodrigo Borja. En Europa ocurría un fenómeno similar con la llegada al poder de González, Palme, Mitterrand y Craxi.

En ese punto Sanguinetti tuvo ventaja para fortalecerse frente al mundo socialdemócrata, ya que fue un activo participante de los espacios multilaterales que estimulaba Brandt, como el Grupo de apoyo a Contadora, el Grupo de los 8, el Grupo de Río o el Grupo de Cartagena, en cuyo nombre, además, el entonces presidente uruguayo mantuvo intensas polémicas públicas, retomando varios de los postulados del Informe Brandt (Pedrosa 2012).

Las redes presidenciales fueron tomando preponderancia por sobre los espacios colectivos que habían caracterizado la vida de la IS desde 1976. Esto se vio especialmente en las negociaciones y conflictos que se abrían, sobre todo, en Centroamérica.

Con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética comenzaba el fin de este ciclo de auge de la IS, lo que se consolidó con la muerte de Brandt en 1992. La IS mantuvo, al menos por una década más, un gran prestigio por lo que había sido su accionar (y el de sus líderes) durante aquellos años de dictaduras, a lo cual se sumaba la expectativa que las nuevas democracias (y sus presidentes) generaban en el mundo.

Fue sobre el final de ese ciclo de auge que el PSU volvió a incorporarse a la IS. Esto puede relacionarse con la búsqueda de una nueva legitimidad que el partido, ya entonces liderado por Tabaré Vázquez, necesitaba para mostrarse más pragmático y vinculado al mundo, a la hora de enfrentar las elecciones presidenciales (Garcé y Yaffé 2006). Para eso la IS era un ámbito ideal. Y ese mismo año (1999), el PSU volvió a la organización trasnacional socialdemócrata, casi 40 años después de haberse retirado de ella.

La IS fue hasta principios del siglo XXI un importantísimo club donde el poder de sus miembros y prestigio del pasado reciente daban lustre a quienes pudieran ser aceptados en él. Pero el fin de la Guerra Fría también fue el final de la estrategia socialdemócrata de ubicarse en el medio de las superpotencias y así liderar a quienes trataban de hacer equilibro entre ambas. Y la IS no encontró otra estrategia para reemplazar a la que le dio tantos frutos. Por ello, la crisis primero y la intrascendencia después fueron un destino inevitable.

Desde su vuelta formal a la IS, el PS mantuvo una activa presencia, y algunos de sus miembros (como Díaz y Gargano) ocuparon cargos importantes. El mismo Vázquez, antes y mientras fue Presidente de la República, participó de reuniones, sobre todo, del Comité de la IS para América Latina y el Caribe, donde el PS tenía un gran ascendiente.

5. Conclusiones

Desde su fundación en 1910, el socialismo uruguayo mostró un intenso interés por los sucesos internacionales, al mismo tiempo que algunos de los debates mundiales, sobre todo los relacionados con la Revolución rusa, la Guerra Fría y la Revolución cubana, también fueron determinantes para su desarrollo interno.

Esto se vio acentuado con el fin de la Según Guerra Mundial, cuando el PSU intentó liderar el espacio latinoamericano de la IS como parte del liderazgo reformista de Frugoni. Mientras los socialistas uruguayos y argentinos mantuvieron un fuerte contrapeso al izquierdismo del PSP chileno, el contacto con los socialdemócratas europeos podía sostenerse, aunque en un equilibrio inestable. Pero cuando las divisiones y la radicalización también ganaron a los históricos partidos afiliados a la IS, ya no hubo forma de evitar la ruptura. Esto redundó en la aparición de otros actores de la política uruguaya interesados en retomar el vínculo con la IS.

Con la llegada de Brandt a la presidencia de la IS y la instalación de la dictadura en Uruguay comenzó una renovación de los vínculos del PSU con la comunidad socialdemócrata internacional, sobre todo, a través de relaciones inorgánicas, diálogos y acciones informales llevadas adelante por los exiliados.

De este modo, también se fue reconstruyendo la confianza entre las organizaciones en una dinámica de cooperación y autonomía, ya que los socialistas buscaban apoyarse en la IS como espacio de amplificación internacional de sus reclamos, pero sin comprometerse a ingresar en ella.

Las relaciones entre el PSU y la IS fueron fluctuantes. Los uruguayos mantuvieron un vínculo con idas y vueltas en cuanto a la incorporación y salida formal de la membresía.

Pero si las estrategias de los socialistas uruguayos hacia la IS estuvieron mediadas por sus propios intereses y objetivos inmediatos, tanto en el país como fuera de él, también se puede afirmar que existieron razones ideológicas y programáticas que explican los cambios en el vínculo con la organización trasnacional socialdemócrata.

En 2017 el PSU volvió a abandonar la IS y junto a otros partidos acompaño la creación de una nueva organización: la Alternativa Progresista.

Notas

[1] Gran parte de este trabajo está sostenido en una investigación realizada en los archivos de la IS en el International Institute of Social History (Ámsterdam), en adelante referido como IISG.

[2] “Hemos conocido que en Ecuador hay un partido socialista (…) Como entendemos que su Partido mantiene relaciones con él ¿podría por favor hacernos saber con más detalle cómo es, quiénes son sus líderes responsables y la dirección postal? Si pudiera también decirnos lo que sepa acerca de los movimientos socialistas en los países de América Latina, le estaríamos muy agradecidos”. Carta de Julius Braunthal al socialista argentino exiliado en Uruguay Juan Solari, con copia a Emilio Frugoni. Archivo COMISCO. IISG. Mí traducción.

[3] Agenda para la reunión 18–19 de 1950. IISG.

[4] Otro elemento importante para acercarse a la IS fue el impacto en el mundo socialista del triunfo electoral del PLB en 1945, derrotando a los conservadores liderados por Winston Churchill.

[5] Jorge Andrés Chinetti, “Necesidad de un secretariado de la internacional para América Latina”. El Sol, marzo de 1953, IISG.

[6] Carta de Fulton Pagoda, Secretario del Relaciones Internacionales del PSU a Julius Braunthal, Montevideo, 16 de julio de 1953. IISG.

[7] Carta de Julius Braunthal a Fulton Pagoda, Secretario del Relaciones Internacionales del PSU, Londres, 6 de agosto de 1953. IISG.

[8] Diario El Sol, órgano oficial del Partido Socialista, 10 de julio de 1959.

[9] “Yo no era marxista-leninista antes de Fidel Castro y no tengo motivos para serlo después de él –dijo–, pero una revolución, con sus aciertos y sus errores, es un todo, y esta revolución hay que aceptarla incluso con el paredón, como se acepta por sus partidarios, la Revolución Francesa a pesar de la guillotina’ […] Fue éste un motivo de discrepancia con la IS, que adoptó una postura de activa y furibunda beligerancia contra la Revolución Cubana” (Jaurena, 1970, 8).

[10] Diario El Sol, 5 de febrero de 1960.

[11] Latin American Tour. 8 de febrero – 12 de marzo de 1960. Morgan Phillips, IISG.

[12] Diario El Sol, 5 de febrero de 1960.

[13] Latin American Tour. 8 de febrero – 12 de marzo de 1960. Morgan Phillips, IISG.

[14] En su informe, Phillips, que no termina de aceptar las denuncias de Maiztegui, menciona que una fracción minoritaria del PS argentino le entregó en mano -y escrito en inglés- un documento donde se acusaba al PS uruguayo de estar influenciado por Yugoslavia. Allí afirmaban que “Only a month ago, the Uruguayan socialist decided to break away from de IS to establish connections with Marshal Tito’s socialism”. Socialist Party of Argentina. Report of the Argentina Executive Comitee. 1960. IISG. También ver el trabajo de López D’Alessandro, 2019.

[15] La IS envió una delegación oficial encabezado por un dirigente de la SPD (Pedrosa, 2011). También el académico norteamericano Robert J. Alexander realizó un viaje marco y luego rechazó que los partidos socialistas fueran eje de la política de la IS en América Latina. “Mission to Latin America”. Informe de Robert J. Alexander a Albert Carthy. New Brunswick, 8 de marzo de 1963. IISG.

[16] “Tengo el gusto de acusar recibo de su cable en el cual nos comunica que el señor Luís Gonçalvez representará a su partido en nuestro seminario sobre Partidos Políticos del 4 al 24 de mayo próximo”. Carta de Ligia Alvarado Vives (Secretaria Ejecutiva CEDAL) a Humberto Maiztegui, Costa Rica, 16 de abril de 1970, IISG.

[17] Télex de Ángeles Yáñez (responsable del Departamento de RR. II del PSOE) a Bernt Carlsson. 20/11/1979, IISG.

[18] Archivo IS. IISG.

[19] Por ejemplo, pidiendo un saludo de Brandt y Carlsson para Liber Seregni “dirigido a su propio nombre a: Cárcel Central, Calle de San José esquina Yi, Montevideo”. Además, los uruguayos enviaban instrucciones precisas sobre cómo desarrollar las campañas: “Es importante que sean emisoras de onda corta como nacionales, pues el hecho debe masificarse al conocimiento de los pueblos de todos los países y en todos los idiomas denunciar a la dictadura. Se recomienda iniciar esta campaña en diciembre, con especial intensificación el día 14 por tratarse del aniversario de Seregni. Debe lograrse que en 1 o 2 informativos diarios las radios indiquen cosas como estas: “Liber Seregni, líder democrático, sigue preso en Uruguay; Liber Seregni y miles de dirigentes políticos y sindicales, sufren injusta prisión en Uruguay”. Carta de Jorge Irisity a Bernt Carlsson, Caracas, 23/11/1978, IISG.

[20] Carta de Jorge Irisity a Bernt Carlsson, 23/07/1978, IISG.

[21] “Aunque los compañeros desde ciudad de México y desde otros lugares me envían materiales e informaciones, está claro que en Monterrey no existe el mismo acceso a fuentes de información política que el que existe en el DF. Te estaría entonces muy agradecido si –cuando ello fuera posible-me hicieras llegar o me indicaras algún material que vaya saliendo de la IS referido a América Latina o, por lo menos, la manera de obtenerlo”. Carta de José Korzeniak a Héctor Oquelí, 4/07/1979, IISG.

[22] “Aceptando tu sugerencia, hablamos con el Departamento Internacional del PSOE a fin que avalara el proyecto de resolución sobre Seregni a someter en el Congreso de la IS de Vancouver. Han aceptado […] Asimismo, te agrego en español el artículo para la revista de la IS sobre Seregni, según lo solicitara Carlsson a los compañeros que lo visitaran a comienzos de septiembre. Va también una foto. Carta de José Enrique Díaz (Representante del Uruguay en el exterior), 18/10/78, IISG.

[23] “Hace pocos días el congreso de la IS en Vancouver dio lugar a ese reclamo y al requerimiento de la amnistía general en Uruguay en una fuerte declaración suscripta por dirigentes de la gran mayoría de los partidos políticos de América Latina y de fuerzas socialdemócratas de Europa”. Carta de Jorge Irisity a Bernt Carlsson, Caracas, 23/11/1978, IISG.

[24] “La IS expresa su profunda preocupación por la detención de Presidente del PSU José Pedro Cardoso. Nos preocupa especialmente porque no estaba bien de salud cuando fue detenido. Se demanda su inmediata libertad”. Telegrama de Willy Brandt al Dr. Aparicio Méndez, Presidente de Uruguay, 27/08/1980, IISG.

[25] “Los representantes en el exterior del PSU quieren haceros llegar, por medio de la presente, el reconocimiento de nuestro partido por la intensa campaña de solidaridad desplegada por vuestra organización en ocasión de la represión sufrida por nuestro partido en Uruguay durante los pasados meses de agosto y setiembre. Esa fraterna solidaridad ha hecho posible que nuestro compañero Presidente, José Pedro Cardozo, recuperara su libertad, lo mismo que un importante número de compañeros socialistas que habían sido detenidos durante los meses citados […] La libertad de nuestros compañeros demuestra la importancia de la solidaridad internacional” Carta de José Díaz y Reinaldo Gargano, representantes del PS en el Exterior a Bernt Carlsson, 20/11/1980, IISG.

[26] “Tuvimos la oportunidad de reunirnos extensamente con Cardozo, quien había sido recientemente liberado. Su lucha por recuperar la libertad y la dignidad de su país es muy impresionante, dadas las difíciles circunstancias existentes en Uruguay” Mission to Uruguay and Argentina. 1981, IISG.

Conflicto de intereses

El autor no tiene intereses contrapuestos que declarar.

Language: English
Page range: 55 - 65
Submitted on: Mar 17, 2022
Accepted on: Sep 13, 2022
Published on: Dec 8, 2022
Published by: Stockholm University Press
In partnership with: Paradigm Publishing Services

© 2022 Fernando Pedrosa, published by Stockholm University Press
This work is licensed under the Creative Commons Attribution 4.0 License.